Teléfono descompuesto

8-08-2020

Escuchar a diario las recomendaciones que la Organización Mundial de la Salud hace en Ginebra sobre el manejo de la pandemia y observar las acciones contradictorias y fallidas del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell para enfrentar al virus es frustrante, inconcebible, causa impotencia.

¿Por qué no le hacen caso a la OMS?

El 22 de enero, el director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, a quien López-Gatell suele nombrar como si fuera un buen amigo, en su primera conferencia de prensa sobre “el nuevo coronavirus” hizo un llamado a todos los gobiernos del planeta para estar alertas ante esta nueva amenaza y sonó las alarmas.

La recomendación de Mike Ryan, director de emergencias de la OMS, fue muy clara: “Lo principal es limitar la transmisión de persona a persona, reducir las infecciones, especialmente el contacto cercano y particularmente en los entornos de atención médica. Necesitamos evitar la transmisión a través de eventos de súper-difusión y obviamente evitar una mayor propagación internacional”.

“Necesitamos que todos los estados miembros se concentren en la identificación temprana y el aislamiento de casos sospechosos, casos probables y confirmados, estamos trabajando para ayudar a los países a proporcionar estándares de atención optimizados”, llamó Ryan cuando el brote Covid-19 todavía no se declaraba una emergencia mundial.

Se contaban 314 casos: 309 en China (270 en Wuhan); dos en Tailandia; uno en Japón y uno en Corea. De los 270 casos de Wuhan, 51 gravemente enfermos y 12 están en estado crítico. Más 6 muertes, cuatro de ellas con información epidemiológica disponible tenían comorbilidades subyacentes. Y dieciséis trabajadores de salud habían sido infectados.

Con esos datos los países asiáticos que toman muy en serio esto de los virus, se pusieron manos a la obra, alertaron a toda la población, comenzaron de manera muy disciplinada a rastrear los casos, sobre todo los que venían de Wuhan, aislarlos, ponerlos en cuarentena mientras se obtenían los kits para hacer los tests y países como Corea, Japón, Tailandia o Taiwán (al que China reclama como su provincia) se prepararon para cualquier eventualidad.

Algunas fotografías de aquellos días muestran prácticamente a toda la población de estos países utilizando cubrebocas, sin que esto causara ningún desdoro, ni significara una afiliación política, ni una cuestión existencial. Los asiáticos escuchan las palabras “nuevo virus” y reaccionan en automático.

En Palacio Nacional no se hablaba del brote en Wuhan, quedaba lejos.

Desde el inicio de la pandemia, la OMS ha emitido recomendaciones para todo mundo, incluyendo algunas llamadas de atención a México que a la 4T le han pasado de noche.

El 12 de febrero pregunté a Ryan qué recomendaba en caso de que se importara el virus y reconoció que “México hizo un gran trabajo para contener el virus (A-H1N1). Mostró al mundo cómo frenar la enfermedad y estoy seguro de que podrán hacer lo mismo en caso de que este nuevo coronavirus llegue a su territorio” .

Y el destino nos alcanzó . El 28 de febrero la Secretaría de Salud anunciaba los dos primeros casos, día en que López-Gatell hizo su gran debut diciendo que el virus “no se puede contener” pero “no contenerlo no quiere decir que no se pueda mitigar la transmisión hasta el grado potencial de eliminarlo”.

“No es una enfermedad grave. En su mayoría estamos hablando de más de 90% de casos leves (…) cuyos “síntomas son los de un catarro”, aseguró López-Gatell y además tuvo el descaro de afirmar que el clima sería “un elemento importante”.

“No quiere decir que cuando venga el calor se va a acabar la transmisión (…) Sin embargo, la posibilidad y la eficiencia con que se transmite va a ser considerablemente menor”, argumentó sin ninguna evidencia.

Ese día Ryan le corrigió la plana a López-Gatell diciendo que “ante la expansión del coronavirus, las medidas de contención han sido efectivas en otros países, como en Singapur” y remarcó que contener un brote tiene por objetivo “romper la cadena de transmisión y que el virus no viaje de una persona a otra”.

Utilizar medidas para mitigar la enfermedad “es cuando aceptas que ya no puedes parar la transmisión entre personas”, dijo Ryan poniendo en evidencia los brillantes comentarios del Subsecretario.

Es así como desde un inicio el zar del coronavirus trató la epidemia como si fuera un brote de influenza utilizando el método centinela para su vigilancia, lo cual en sí mismo es un craso error para una epidemia de este tipo en la que se requiere aplicar pruebas PCR.

El 11 de marzo, la OMS declaró la pandemia y México reportó 11 casos y cero muertes.

“Aquellos con un puñado de casos pueden evitar que se conviertan en grupos y esos grupos se conviertan en transmisión comunitaria’’, urgió Tedros.

Más adelante, con 316 casos y 4 muertes, el 23 de marzo López-Gatell se atrevió a decir que “irremediablemente conforme aumente el número de casos se vuelve crecientemente difícil hasta llegar a ser imposible el rastrear cada cadena de transmisión. Pero además cuando ese número de casos empieza a aumentar se vuelve muy poco útil el intentar rastrear a cada uno de los contactos y sus cadenas de transmisión”.

Mientras Tedros insistía en que “para ganar necesitamos atacar el virus con tácticas agresivas y específicas: probar cada caso sospechoso, aislar y cuidar cada caso confirmado, rastrear y poner en cuarentena cada contacto cercano’’. Lo ha repetido hasta el cansancio.

“Pedirle a la gente que se quede en casa y otras medidas de distanciamiento físico son una forma importante de frenar la propagación del virus y ganar tiempo, pero son medidas defensivas”, recalcó.

El 16 marzo al preguntar sobre el panorama en el país con millones de personas con obesidad, diabetes y adultos mayores, Tedros respondió que “debe haber un compromiso político al más alto nivel porque esta pandemia no afecta nada más al sector salud pues ataca todos los sectores”. La estrategia “debe ser coordinada desde el más alto nivel y no relegada al sector Salud”.

Al día siguiente López -Gatell dijo a la prensa que hubo «un error de interpretación».

Tedros recomendó hacer pruebas a todos los casos con neumonía atípica, a los casos sospechosos, a todas las personas que han estado en contacto con casos confirmados y se hizo viral su frase “la regla del juego es muy simple, test, test, test”.

Al tratar de descifrar qué pasaba en el país y por qué no se aumentaba el número de pruebas PCR , los expertos de la OMS me explicaban que cuando no se hacen más pruebas es porque “no se quiere encontrar más casos”. Suena simple , pero es catastrófico.

Hacia fines de mayo, con 65 mil 856 y 7 mil 179 muertes, la OMS remarcó que no hay forma de combatir al Covid-19 sin hacer pruebas, muchas pruebas. No obstante, con plena transmisión acelerada SSalud dio por terminada la jornada de sana distancia.

La epidemióloga de la OMS Margaret Harris me comentó que debido a la falta de pruebas no se tiene la fotografía completa sobre quién tiene el virus ni hacia dónde se mueve . “Las pruebas son tus ojos en el virus , ven hacia dónde va, dónde está. Las pruebas son los ojos para ganarle la batalla. No puedes ganarle si vas a la pelea a ciegas”.

Otra demoledora llamada de atención a la 4T fue la pregunta incómoda que puso furioso a López- Gatell sobre las inconsistencias en los mensajes y Ryan fue categórico: “Debe haber mensajes congruentes del gobierno a nivel nacional y subnacional (…) los ciudadanos se confunden mucho cuando reciben diferentes mensajes de diferentes partes”.

“Debemos alinear nuestros mensajes para que los ciudadanos reciban la mejor información posible sobre cómo protegerse a sí mismos , proteger a los otros y a sus comunidades’’, instó.

Y por su parte Tedros insistió en que “debe haber unidad nacional, más allá de líneas partidarias, de diferentes ideologías o cualquier diferencia que tengamos. Este virus explota las grietas entre nosotros, este virus explota la división entre nosotros, es solamente cuando nos unimos cuando puede ser vencido”.

Congruencia y unidad nacional era la receta del médico. Sin una ni otra era la fórmula para el desastre.

Y finalmente Tedros reiteró el 15 de julio que el “Covid-19 sigue siendo el enemigo público número uno pero muchos gobiernos no lo reflejan así. No debería ser así. Cada líder, gobierno y cada persona pueden hacer lo suyo para romper las cadenas de transmisión y terminar con el sufrimiento colectivo”.

Y Ryan , quien logró el control de la epidemia del ébola en el Congo, consideró que “hay que abstenerse de criticar excesivamente a los gobiernos que están buscando casos activamente, vigilando, rastreando contactos. Están tratando de descubrir los problemas”.

“De lo que debemos preocuparnos es de situaciones en las que los problemas no están surgiendo, donde los problemas se pasan por alto, donde todo se ve bien porque una cosa es segura con Covid, como lo es con cada enfermedad infecciosa, verse bien no significa que las cosas estén bien”.

“Preferiría estar en una situación en la que mi gobierno sea honesto y sincero sobre la situación en el terreno y me comunique la verdad de lo que está viendo”, lanzó.

Para el experto irlandés es preferible que ante un rebrote (porque los habrá) se tomen medidas, se reaccione rápido, se informe a la población en dónde está el foco rojo, “tendría confianza en los gobiernos que hacen eso, no en los que no lo hacen”.

“Ya vamos de salida de la pandemia”, afirmó AMLO ese mismo día.

En esta etapa de la pandemia en la que el encierro no es opción para ningún país por el golpe a la economía, la escalada del desempleo y de los niveles de pobreza, al famoso “test, test, test”, se debe sumar una estrategia para ir a la caza del virus, la OMS urge el “rastreo, rastreo, rastreo”. Pero ya lo dijo López-Gatell no tiene sentido hacer pruebas, ni mucho menos rastrear contactos. El pronóstico es desalentador.

¡Ah! Pero eso sí, en cada oportunidad López-Gatell nombra a la OMS como si estuvieran en continua comunicación, como si hubiera una bonita amistad. Asegura que el organismo de la ONU avala su estrategia. Es falso.

AMLO escogió al Subsecretario para lidiar con el Covid porque “comunica bien”, mas su ejecución ha sido pobre. Su mérito está en que no se perciba un escenario dantesco en los hospitales, sin embargo el exceso de mortalidad lo comienza a rebasar.

Hasta la redacción de este texto con 46 mil muertes y 416 mil 179 casos ni López-Gatell, ni el holograma del Secretario de Salud Jorge Alcocer, ni AMLO se han dignado a levantar el teléfono y llamar personalmente a Tedros o a Ryan para solicitar asesoría. Así la prepotencia.

Todavía es tiempo de corregir y de que el gobierno escuche recomendaciones, opiniones y experiencias para que se logre sacar a México de lo que se está convirtiendo en una verdadera tragedia. Pero al parecer el teléfono de Palacio Nacional está descompuesto o quizá por la austeridad republicana no se puede hacer llamadas al extranjero.

Gabriela Sotomayor, Ginebra, Suiza.
Para El Financiero.

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