Naciones Hundidas: Adiós Bachelet

21-06-2022

Bajo una oleada de críticas por el fracaso de su visita a China, Michelle Bachelet dejará de ser la Alta Comisionada de la ONU para Derechos Humanos, pues anunció que no se presentará para un segundo mandato y dejará el cargo el 21 de agosto. Sabia decisión. Se va sin pena ni gloria.

Desafortunadamente, Bachelet dejó pasar cuatro años valiosísimos, sobre todo en estos tiempos pandémicos en los que se necesitaba una voz fuerte y crítica que le plantara cara a cualquier Estado violador de derechos humanos por más poderoso que fuera.

Sin embargo, la expresidenta chilena ocupó el cargo como si se tratara de un puesto político o diplomático, tratando de quedar bien con los gobiernos, pero con las que ha quedado muy mal es con las víctimas.

La gota que derramó el vaso fue su visita a China que, a ojos de más de un centenar de ONG “fue un completo desastre’’ Bachelet ha sido criticada porque su viaje fue lo más parecido a una visita de Estado y si no tenía el valor de enfrentarse a Xi Jinping, si no tuvo garantías de libertad de movimiento, pues no hubiera ido o hubiera puesto fin a la visita. Pero el hubiera no existe y Bachelet bailó al son que le tocó Pekín.

Según Human Rights Watch (HRW) las autoridades chinas son responsables de políticas generalizadas y sistemáticas de detención masiva, tortura y persecución cultural contra uigures en los llamados “campos de reeducación” en Xinjiang. Esto se incluye en un informe realizado por la oficina del ACNUDH, pero Bachelet se negó a publicarlo antes de su viaje a China y ahora a su regreso sigue guardado en el cajón de su escritorio. El director de HRW Ken Roth dijo que “Bachelet debe completar su tarea y publicar su demoradísimo informe sobre los crímenes de lesa humanidad del gobierno chino contra los musulmanes uigures en Xinjiang’’.

La trayectoria de Bachelet es digna de reconocimiento: médica pediatra y política del Partido Socialista, ha sido dos veces Presidenta de Chile, fue ministra de Salud y de Defensa. Tras el golpe militar de Pinochet en 1973, su padre, Alberto Bachelet, general de Brigada de la Fuerza Aérea, fue detenido y torturado. Murió en la Cárcel Pública de Santiago, el 12 de marzo de 1974.

Como Alta Comisionada ha roto las expectativas. No le gusta hablar con la prensa. En Ginebra ofreció una conferencia al inicio de su mandato y otra por Zoom en diciembre de 2020, cuando lo usual era al menos una conferencia cada año. Zeid, su predecesor, me concedió dos entrevistas para hablar sobre México. Ella no ha dado entrevistas a ningún medio.

Sobre México deja mucho que desear. Condenó el récord del horror de los 100 mil desaparecidos, pero no ha hecho ninguna declaración sobre los periodistas asesinados en el país. En 2019, al final de su visita al país, se desvivió alabando al gobierno de AMLO y firmó un acuerdo para la asistencia técnica en materia de derechos humanos relacionados con la operación, transparencia y rendición de cuentas de la Guardia Nacional.
Yo le pregunté si esa Guardia Nacional debería tener carácter civil. Ella dijo que sí.

Hasta ahora no ha reclamado a Palacio Nacional por ese polémico acuerdo que no se ha cumplido, ni ha condenado la rampante militarización.
En cuanto a la región ha sido el Consejo de Derechos Humanos el que ha dictado la agenda sobre Venezuela y Nicaragua.

Son los procedimientos especiales y órganos de tratados los que han confrontado a los estados que son los peores perpetradores de violaciones de derechos humanos en el mundo. Ella se ha visto corta.

El secretario general de la ONU, António Guterres, tiene ahora una enorme responsabilidad para elegir a un verdadero defensor de derechos humanos, a un auténtico activista, si quiere devolver la credibilidad y la relevancia a ese puesto clave y tan importante.

Millones de personas en el mundo se hunden sin esperanza ante un tsunami de las peores violaciones de derechos humanos. Bachelet todavía puede darles voz, puede vaciar los cajones, abrir cajas de pandora, sacar a la luz verdades incómodas, deshacer acuerdos incumplidos, denunciar a los peores perpetradores y salir con la frente en alto. Por dignidad.

Gabriela Sotomayor, Ginebra, Suiza.
Para EjeCentral.

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