Naciones Hundidas: Abdala y otros cuentos

10-01-2022

Nos podemos imaginar la emotiva conversación del presidente Andrés Manuel López Obrador con su homólogo de Cuba, Miguel Díaz- Canel cuando estuvo de visita en México. AMLO habrá prometido la compra de vacunas para ayudar al partido en el poder y para que se confirme de manera inequívoca la solidaridad de la 4T con el régimen castrista.

La prensa oficialista cubana publicó que en dicha bilateral “los Jefes de Estado ratificaron la voluntad de ampliar las relaciones económico-comerciales, la inversión y cooperación en ámbitos como salud, biotecnología (…) entre otros”.

En la reunión estuvieron el secretario de Salud, Jorge Alcocer; el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell; así como Alejandro Svarch Pérez, titular de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), cuyo corazón cuentan por ahí, tiene “lazos entrañables” con La Habana. Una vez que Cofepris autorizó el uso de emergencia de la Abdala, quizá la compra de viales esté consumada (una ingeniosa manera de esquivar el embargo impuesto por Washington), es posible que el lote ya esté en camino y se procederá a inocular a miles de mexicanos.

Pero ¿a quién se le ocurre usar una vacuna que no cuenta con el aval de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que sólo se ha autorizado en Cuba, Nicaragua, Venezuela, Vietnam y San Vicente, que no son ningún referente por su sistema de salud?

Los ensayos clínicos se llevaron a cabo en Cuba y no hay ningún estudio que compruebe su efectividad contra Ómicron. Según expertos, “la credibilidad de cualquier vacuna y su aceptabilidad por la comunidad, se basa en gran parte en la publicación de los resultados en revistas científicas de reconocido prestigio”. De Abdala no hay ninguno.

El Centro de Investigación Genética y Biotecnología de Cuba presumió que “la Abdala alcanza 92.28% de eficiencia con su esquema de tres dosis y alcanza los requisitos exigidos por la OMS”. Pero esto es mentira. No lo han comprobado.

La OMS hasta el momento no ha dado su aval a las cubanas Abdala y Soberana; ni a la china CanSino; ni a la rusa Sputnik. ¿Por qué? Pues porque los fabricantes no han proporcionado información clave requerida por el organismo de salud de la ONU. Es un asunto científico, no ideológico.
Pero los partidarios de Morena pondrán el ejemplo y harán largas filas para ser inoculados con la sustancia proveniente de la tierra de Fidel. AMLO no esperó a recibir su refuerzo con la Abdala, hubiera sido un acto sublime verlo recibir el líquido que lleva el nombre de uno de los textos icónicos de José Martí. Era una oportunidad dorada, pero prefirió la Astra Zeneca. No hubo show.

Es una lástima que México, uno de los primeros países de América Latina que empezó a vacunar, ahora se ha rezagado y sólo 56% de la población tiene pauta completa. Y ahora que acecha Ómicron, miles de personas corren mayor riesgo. ¿Por qué no se aceleró el refuerzo a personas más vulnerables desde hace meses? ¿Por qué no se vacunó a los adolescentes? La Janssen de una dosis podría haber sido excelente opción para ellos y los que viven en lugares remotos. Ahora México va a la deriva por la lentitud de vacunación.

De por si la logística para aplicar dos dosis con Pfizer o Moderna es complicada, no se diga el caos que va a significar aplicar la Abdala con tres dosis que deben ser administradas en un lapso de 14 días. Y se alcanza la mayor protección a 42 días después de la tercera dosis, cuando en la mayoría de las vacunas aprobadas por la OMS ocurre dos semanas después de la segunda inyección. Incomprensible.

México está en peligro de ser arrastrado por Ómicron como ha pasado en Estados Unidos o Reino Unido, hundidos hasta el cuello con esta marea covideana, pero al parecer la lógica criminal de la 4T es que los muertos no votan y las vidas no importan. Suscribo lo que me dijo un amigo muy querido: “¡Estamos ab-da-la-madre de tanta corrupción e ineptitud!

Gabriela Sotomayor, Ginebra, Suiza.
Para Eje Central.